viernes, 20 de marzo de 2009

Algunas reflexiones sobre de la vida digital y la vida real

Vivir no es algo fácil en el día de hoy, y si pensamos que esa tan mentada cuarta dimensión existe y es la vida digital, donde nos podemos multiplicar en el ciberespacio, la cosa se complica aún.
No sólo porque podríamos desdoblarnos y mostrar otras personalidades - que también son nuestras-, tampoco porque tenemos el mundo a un click de distancia o empezamos a relacionarnos con mucha gente a la que no conocemos, sino porque algunos, entre nuestros múltiples roles, también somos padres.
Y ahí comienza otra problemática. ¿Quién es el adolescente en casa?, nuestros chicos por edad y experiencia, pero nosotros por conocimiento.
Nada mas justo decir, que lo único constante es el cambio, y ¿quién soporta esa velocidad?
Entre algunas mínimas reflexiones que quiero compartir se encuentran algunas que podría transmitir a mis amigos.
Y comenzaría por la palabra amigos. No es que esté desvalorizada, pero si tiene varios significados, por no decir que su significado se esta perdiendo o maquillando como un recurso de marketing. “Amigos son los dedos de la mano”, decía mi padre. Quizá algunos más, podría decir quien cultive las buenas y sanas relaciones por años, pero amigos ya no es el término que define una relación entrañable que nos acompaña a lo largo de los años en las buenas y en las malas.
“Amigos” se le dice a los compañeros de trabajo, a los del colegio, a los compañeros de mis amigos, porque es una linda y fácil palabra, que puede definirse técnicamente como “contactos”.
Pero a quien le gusta decir “Te presento a mi contacto” o “te presento a un contacto que no conozco”.
Si bien es cierto que el mundo es chico y cada vez más chico, las cosas pasan por darle valor y sentido a las palabras y aquí tenemos una de las cuestiones que debemos cuidar y compartir con nuestra familia.
En el mundo de Internet, desde una dirección de e-mail al apodo que uno tenga en una red social, mensajería instantánea, microblogging o como se llame es algo propio, que si bien puede no revelar ninguna intimidad, es algo que uno debe cuidar.
Igual que en la calle, donde uno debería ser cuidadoso en cualquier metrópoli del mundo, la vida digital debe tener los mismos patrones.
Es hermoso tener “un millón de amigos”, pero no gente que uno no sabe quien es. ¿A dónde vamos con querer explorar hasta cuantos conocemos? ¿Cuál es el sentido de llegar a todas partes? ¿Para qué?
Y las respuestas pueden ser múltiples. Pero si no las hay, simplemente es porque no hace falta.
Como padre trato de explicar a mis hijos que su vida e identidad digital, son las mismas que en su vida privada y aún, pretendiendo ser un personaje, son ellos mismos, por lo tanto deben transitarla con cuidado.
Y así como hoy deben tener cuidados que hace años no eran necesarios en la vida real, para tener sexo, o simplemente para no excederse con las bebidas y mucho menos de hablar con desconocidos, en la vida digital los conceptos valen del mismo modo.
Entonces el camino es tratar de no ser un analfabeto digital. Y por más que no nos interese meternos desde adentro, al menos a los que somos padres, informarnos nos vendrá bien. No para tener miedo o trasladarlo a nuestros hijos, sino para saber donde se meten sin diferenciar real o digital, porque definitivamente es la misma cosa que siempre, sólo que ahora se multiplica fácilmente con un solo click!

Carlos Mazalan



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